Cuánto cuesta un software a medida
Por qué nadie serio te da un precio sin preguntar antes, qué hace que un proyecto cueste más o menos y cómo pedir un presupuesto que se pueda comparar.
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Es la primera pregunta de casi cualquier cliente, y la respuesta honesta empieza por otra: ¿qué tiene que hacer exactamente? Un software a medida no tiene precio de catálogo, porque no hay dos iguales. Lo que sí se puede es explicar de qué depende, para que sepas qué estás pagando y puedas comparar propuestas.
Lo que mueve el precio
El coste de un proyecto es, sobre todo, tiempo de trabajo. Y el tiempo lo deciden unas pocas cosas:
- Cuántas cosas distintas tiene que hacer. No es lo mismo un formulario que guarda pedidos que un sistema que los recibe, los reparte entre almacenes y avisa al cliente.
- Con qué otros sistemas habla. Cada conexión con tu ERP, tu tienda online o un proveedor externo hay que construirla, probarla y prever qué pasa cuando el otro lado falla.
- Quién lo usa y con qué permisos. Un único perfil de usuario es sencillo; cinco perfiles, cada uno con lo que puede ver y hacer, no tanto.
- Los datos que ya tienes. Pasar diez años de hojas de cálculo a un sistema nuevo, limpiándolos por el camino, puede ser un proyecto en sí mismo.
- Lo que no puede fallar. Una herramienta interna que usan tres personas no necesita lo mismo que un sistema del que depende tu facturación.
Lo que tarda
Depende de lo mismo. Como orientación, una landing page se cuenta en semanas; una aplicación web o un software a medida, en meses. Lo que sí debería estar claro desde el principio es el plazo, por escrito, y un ritmo de entregas: con nosotros, una cada una o dos semanas, para que veas el avance y puedas corregir el rumbo antes de que sea caro.
Dos formas de presupuestar
Por fases. Empezamos por un primer producto mínimo, lo que en el oficio se llama MVP: la parte más pequeña que ya resuelve tu problema principal. Sobre él ampliamos en ciclos cortos, y en cada ciclo decides qué viene después. Pagas por lo que ya has visto funcionar, no por lo que imaginabas hace seis meses.
Cerrado. Fijamos desde el principio todo lo que se va a construir y su precio. Te da certeza en el coste, a cambio de decidir mucho antes de verlo funcionar; un cambio a mitad de camino se presupuesta aparte.
Ninguna es mejor en general. Si el problema está claro y no va a cambiar, el presupuesto cerrado funciona bien. Si estás descubriendo lo que necesitas a la vez que lo construyes, por fases se desperdicia menos.
Lo que también cuesta, aunque no salga en el presupuesto
Construirlo no es el único gasto. Pregunta siempre por:
- El alojamiento, que en muchos proyectos es pequeño, pero se paga cada mes.
- Las licencias de servicios de terceros: correo, mapas, pagos.
- El mantenimiento: actualizaciones de seguridad, ajustes y pequeñas mejoras, con una cuota mensual o bajo petición.
- La garantía: qué pasa si algo falla después de la entrega. La nuestra cubre seis meses de correcciones sin coste.
Cómo pedir un presupuesto que se pueda comparar
Antes de escribir a nadie, prepara tres cosas: el problema que quieres resolver (no la solución), quién lo va a usar y qué sistemas tienes ya. Con eso, cualquier equipo serio te devolverá preguntas concretas en lugar de una cifra al aire.
Y cuando recibas propuestas, compáralas por lo que incluyen y no solo por el total: qué entra y qué no, cuántas entregas habrá, de quién es el código al final y qué pasa después. Una propuesta barata que no dice nada de eso suele salir cara.